Queridos amigos y lectores, este es el final del camino para la historia de Katia, Matilde y Oroño.
Por eso es que, nuevamente, queremos agradecerles sus comentarios y sus votos.
Conformes estamos de que les haya gustado.
Muchas gracias a todos, Claudia, Erica e Ignacio.
El nombre de un hada
La niña corre por el campo en primavera.
Los recuerdos de todas las tormentas y todos los otoños han acabado.
La niña juega a ser mariposa.
Yo me tomo muy en serio lo de ser madre.
No lo he podido ser naturalmente, sin embargo Dios me regaló la posibilidad de cuidar de esta inocente.
La niña corta flores silvestres, y corre con un ramito en cada mano.
Yo corto cada pesadilla de mi pasado, para enterrarlo.
La niña va a su habitación y deja un manojo de flores al lado de la foto de su mamá. Luego corre hacia mí y después de darme un beso me entrega las restantes.
Hace un rato, mientras merendábamos, le leí a la niña una carta que Carlos le ha escrito, describiéndole con su maravillosa ignorancia, cada centímetro del paisaje isleño.
- ¿Quién ese Carlos, má, que siempre me escribe? - preguntó.
- Es un amigo mío, que como vos perdió a su mamá cuando era muy chico. Lo conozco desde hace mucho, pero mucho tiempo, y vive en un lugar mágico, como los de los cuentos.
- ¿Vos conocés ese lugar?
- Yo viví en ese lugar.
- ¿Sola?
- No. Viví con Carlos, con Martín, un pintor de cuadros que ahora pinta en una ciudad muy linda, donde van los mejores pintores del mundo, que se llama París y con un hada.
- ¿Un hada mágica como la de los cuentos?
- Sí.
- Y, ¿cómo se llamaba el hada?
- Se llamaba Matilde, como vos.
- Quiero conocer ese lugar ¿me vas a llevar?
- Sí.
Se detuvo un instante, el suficiente para tomar dos sorbos y dejar que lgún pensamiento recorriera su delicado cerebro.
Sonrió al hablar.
- ¡Ah...! Gracias má.
- Gracias ¿por qué?
- Por ponerme el nombre de un hada.
FIN